Aprender en espacios abiertos, aprender al aire libre en Agora International School Madrid

2020 ha puesto a prueba nuestra resiliencia y ha obligado al mundo a cambiar la forma en la que vive, estudia y trabaja en un abrir y cerrar de ojos.

Una de las grandes frustraciones de 2020 tuvo que ver con la educación: las clases se interrumpieron de forma abrupta y estudiantes de todas las edades tuvieron que quedarse en casa, y acabar el curso en remoto. Los profesores se arremangaron para dominar las herramientas de vídeo y de streaming diseñadas, muchas de ellas, para adultos en entornos empresariales. En septiembre, afrontamos el gran reto de abrir las puertas preservando la seguridad de nuestros alumnos.

Los espacios abiertos se posicionaron como un valor seguro frente al coronavirus, y en Agora International School Madrid lo sabemos desde hace años. Antes de la pandemia, nuestros alumnos de 4 años salían al jardín para buscar bichitos, y los chicos y chicas de 2º y 3º de Primaria disfrutaban de la lectura individual al aire libre. Dejar el aula vacía durante dos veces por semana era y es una excusa perfecta para experimentar, tocar, emocionarse… ¿Es necesario tocar para aprender? Todo apunta a que sí.

El docente, doctor en Medicina y Neurociencia, Francisco Mora afirma que «la esencia y la eficiencia del aprendizaje y de la memoria que modifica el cerebro reside en esa energía cerebral que llamamos emoción». En sus conferencias, artículos y libros se centra en el funcionamiento del cerebro, en cómo aprendemos y la influencia que tienen las emociones en el proceso que él mismo denomina «nada se puede aprender más que aquello que se ama». Lo que enciende el aprendizaje es la emoción y, en ella, la curiosidad y, luego, la atención. Esta última, tan necesaria para aprender, no se puede suscitar simplemente demandándola, igual que tampoco a la curiosidad. Hay que evocarlas desde dentro del que aprende, y por supuesto, del que enseña.

Una escuela a cielo abierto

¿Existen niños más atentos que aquellos que pintan al aire libre o repasan el vocabulario aprendido mientras hacen una búsqueda de objetos? Prueba de ello son nuestros alumnos de infantil quien sacan su vena creativa mientras sus cuerpos absorben una buena dosis de vitamina D.

Estas actividades pueden parecen meramente lúdicas, pero lo cierto es que una clase de matemáticas se puede impartir fuera del aula, como experimentan los alumnos de 5 años a través del método Numicon.

En palabras de Paula Flores Gancedo, coordinadora Infantil del colegio: «Consideramos que el aprendizaje al aire libre brinda la oportunidad a los niños a que desarrollen sus experiencias, la creatividad y la imaginación a través de la naturaleza. En infantil el aprendizaje al aire libre les resulta muy atractivo ya que trabajamos mucho toda la parte sensorial, experimental sin dejar de lado a la cognitiva. Creemos que juntando todo ello conseguimos que los alumnos desarrollen al máximo sus capacidades y sobre todo sientan la libertad de aprender en espacios abiertos y con elementos cotidianos que nos rodean».

¿Por qué no enseñar anatomía permitiendo que los alumnos dibujen sus siluetas en el suelo del patio? ¿No pensáis que será más sencillo entender la rotación de la Tierra si se observa el movimiento del Sol y las sombras que genera? Así lo hemos hecho con nuestros alumnos de 2º de Primaria. También se puede impartir clase de lengua sentados en la hierba tomando el sol, desarrollar un proyecto interdisciplinar de investigación sobre la evolución del ser humano para orientarse en el espacio y el tiempo, además de las tradicionales actividades deportivas, de jardinería, bricolaje, recogida de residuos, etc… pasando por la lectura individual, la dramatización de una pieza musical, la observación directa del entorno para escribir un texto, el estudio de la vegetación en un rincón del patio a lo largo de las estaciones del año, la construcción de un reloj solar, la reproducción a gran escala de una obra de arte, como nuestros alumnos de 3º de Primaria.

Tales son las posibilidades de aprender fuera del aula que, en el año 2012, un puñado de colegios en Londres celebraron Outdoor Classroom Day (Día del Aula Vacía, en español) como parte de una campaña fundada por quien coordinase EcoSchools Anna Portch, experta en sostenibilidad, y rastreadora de ideas creativas para involucrar a las personas en la conservación del planeta. La iniciativa está siendo secundada en la actualidad por más 10 millones de niños alrededor del mundo. Nuestro colegio se sumó en 2019, siguiendo la misión que tenemos en el ADN de Agora International School Madrid de preparar a cada uno de nuestros alumnos para convertirse en un ciudadano global que pueda cambiar el mundo.

Beneficios de aprender al aire libre

Refiriéndonos a las evidencias -cada vez más contundentes- sobre salir del aula para observar, interiorizar y comprender como un acto que proporciona salud a la vez que bienestar, y permite un desarrollo cognitivo que incide directamente en los comportamientos y las emociones del ser humano hay muchos otros beneficios de este «simple» hecho. Enumerémoslos:

  1. Mejora el aprendizaje. Enseñar alrededor de la naturaleza potencia la predisposición del proceso de aprendizaje cognitivo y la formación integral de los niños, convirtiéndolo en manipulativo, plural e interdisciplinar, según palabras de Pete Higgins, destacado profesor de Educación en la Naturaleza y Educación Ambiental del Moray House School of Education de la Universidad de Edimburgo.
  2. Afecta positivamente al desarrollo físico, social, interpersonal y estético del niño. Cambiar de espacio activa el cerebro, y estar al aire libre ayuda a los niños a centrarse en la actividad que plantea el profesorado.
  3. Alivia los síntomas del alumnado con TDAH y TDA. El empleo de medios diferentes facilita que los alumnos en general, y especialmente los que tienen TDAH presten más atención.
  4. Mejora las habilidades sociales, el trabajo en equipo y ayuda a los estudiantes provenientes de otros países que están aprendiendo el idioma a adquirir nuevo vocabulario. Salir de la rutina fomenta nuevas relaciones, otras conversaciones facilitando el uso de nuevas palabras, expresiones, dudas…ampliando así horizontes entre compañeros.
  5. Mejora la salud infantil al recibir una porción de vitamina D que genera la dopamina, necesaria para el propio proceso de crecimiento.
  6. Facilita la resolución de problemas. En palabras de Judith Hackitt, expresidenta de la institución británica Health and Safety Executive (en español, seguridad y salud en el trabajo): «el juego al aire libre enseña a los niños a gestionar el riesgo. Sin esto, se encontrarán vagamente preparados para enfrentarse a su vida laboral».

En la naturaleza se aprende a observar, a desarrollar el pensamiento crítico, sistémico y creativo, prueba de ello es el resultado del huerto de nuestro colegio.

Salir fuera del aula es divertido. «Es una excelente manera para que los niños se diviertan mientras aprenden y disfrutan de su entorno», explica Rocio Lisbona, Agora International School Madrid.

La educación en, para y desde la naturaleza, lejos de ser una moda (se viene practicando desde los tiempos de Aristóteles), es una tendencia firme. En palabras de María Montessori, «no hay descripción ni imagen en libro alguno que sea capaz de reemplazar la visión de árboles reales y toda la vida que gira a su alrededor. La naturaleza nos brinda conocimientos que ningún libro y ningún museo podrán darnos nunca (…)»

28 / 12 / 20